La conquista del reino visigodo por los árabes fue un proceso relativamente rápido, ya que en solo quince años (711 al 725) se llegó a ocupar todo el actual territorio de España y Portugal; en el 720 el territorio peninsular del reino estaba completamente ocupado tras diez años del inicio de la conquista. Requirió de constantes refuerzos militares, y de pactos con núcleos resistentes.
Años antes de la conquista, los árabes llevaban tiempo reconociendo el terreno y preparando futuras alianzas. A principios del siglo VII los musulmanes quieren conquistar España (dividida entonces en pequeños reinos visigodos). Para conquistarla, Muza (caudillo de los moros) encuadra en sus tropas a elementos bereberes. En el año 711 encarga a su liberto Tarik una misión de reconocimiento al mando de 7000 hombres. El éxito es fulminante: un combate cerca de Jerez basta a Tarik para eliminar al rey Don Rodrigo (rey visigodo de Hispania (710-711) . Persiguiendo a los fugitivos, los ejércitos del Profeta se apoderan de Córdoba, Toledo, continúan hacia el norte, hasta Zaragoza y Pamplona. Poco combativa, formada por pueblos heterogéneos, sumida en los cismas religiosos – Arrianismo contra Catolicismo – la Península Ibérica era una presa fácil. Tras algunas incursiones fructíferas más allá de los Pirineos, los musulmanes intentaron una subida hacia el norte, pero la resistencia de la población franca impide una implantación duradera. La batalla de Poitiers, en el año 732, marca el lugar simbólico del tope de una conquista que parecía irresistible. Las tropas de Carlos Martel les frenaron la penetración más allá de la barrera pirenaica. En España, el Islam se organiza sólidamente. El lejano Califato de Damasco se enriquece con una provincia próspera que toma el nombre de Al – Andaluz. Con la llegada de los Abbases (750), esta provincia se proclama independiente bajo la autoridad de Abder Ramón, el último de los Omeyas refugiado en Toledo. La única región que jamás fue conquistada por los musulmanes es la región de Asturias.
Como ya se ha comentado anteriormente la conquista, que duró 15 años, requirió de constantes refuerzos militares, y de pactos con núcleos resistentes. Aunque el proceso en total ocupó todo ese tiempo, la cronología no es exacta en cuanto a los años y las fechas, sino sólo aproximada, pues las fuentes difieren entre sí, y los historiadores no se ponen de acuerdo. Hemos optado por una datación que siempre puede retrasarse en un año según qué historiador tomemos. Además de estos años de conquista, hay que sumar los años anteriores que los árabes llevaban diseñándola, reconociendo el terreno, y preparando, al parecer, futuras alianzas. Un repaso a la historia de las primeras conquistas árabes, nos hace ver que sólo la conquista del actual Magreb fue más costosa (treinta años), pues en otros puntos la acción de los conquistadores árabes fue más rápida que en la península: seis años para dominar toda la península arábiga (628 al 634); cuatro años Siria (634 al 638); cinco años Egipto (638 al 643); un año Tripolitania y Cirenaica, hoy Libia (644); seis Mesopotamia (636 a 642) y ocho años Persia (642 al 650).
Lo largo de este proceso de conquista del reino visigodo se debe a varios motivos: lo escaso de las fuerzas musulmanas que nos invadieron, las constantes luchas y levantamientos de sus aliados entre los visigodos, la orografía del territorio y la fuerte base de asentamiento social del anterior reino visigodo.
Los enfrentamientos destacados de esta época son las siguientes:
- La Batalla de Guadalete es el nombre con el que se conoce una batalla que, según la historiografía tradicionalmente admitida, basada en crónicas árabes de los siglos X y XI, tuvo lugar en España entre el 19 y el 26 de julio de 711 cerca del río Guadalete (en Bética, España) y cuyas consecuencias fueron decisivas para el futuro de la Península Ibérica. En ella el rey godo Rodrigo fue derrotado y probablemente perdió la vida a manos de las fuerzas musulmanas comandadas por Tarik Ibn Ziyad. La derrota fue tan completa que supuso el final del estado visigodo en Hispania.
- La Batalla de Covadonga tuvo lugar en 722 en Covadonga (España), un paraje próximo a Cangas de Onís (Asturias), entre el ejército de Don Pelayo y tropas musulmanas, que resultaron derrotadas. Esta acción bélica se considera como el arranque de la Reconquista. Gobernaba el norte peninsular desde León un berebere llamado Munuza, cuya autoridad fue desafiada por los dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 bajo el liderazgo de Pelayo, tomaron la decisión de rebelarse negándose a pagar impuestos exigidos, el jaray y el yizia. Tras algunas acciones de castigo a cargo de tropas árabes locales, Munuza solicitó la intervención de refuerzos desde Córdoba. Aunque se restó importancia a lo que estaba sucediendo en el extremo ibérico, el emir Ambasa envió al mando de Al Qama un cuerpo expedicionario sarraceno que probablemente en ningún caso alcanzaría la cifra de 180.000 hombres dada por las crónicas cristianas.
El desarrollo de la conquista
En el año 711 caía la ciudad de Córdoba, al igual que la zona del Estrecho, la comarca de Córdoba, y la ruta hasta Toledo, con las retaguardias de Sevilla y Mérida, de donde podía proceder el peligro. No obstante los hechos se desarrollaron mejor de lo que Muza podía esperar. Las ciudades de Medina-Sidonia, Carmona y Sevilla les recibieron casi sin lucha, se dice porque los partidarios de Rodrigo habían huido y predominaban los de Witiza o cuando menos los neutrales, pero probablemente fueron grupos hispano-romanos descontentos con el gobierno visigodo, quienes los recibían como a un pueblo civilizado y en cierto modo como una manera de cambiar el gobierno. Los partidarios de Rodrigo se concentraron en Mérida. Muza sitió la ciudad que resistió a los embates enemigos. Dieciséis meses necesitó para tomar la ciudad (capituló el 30 de junio del 713). A la vez fueron tomados otros territorios, especialmente en el sudeste, como el Reino de Tudmir (Murcia, Alicante y otras comarcas de Andalucía y Albacete) gobernada por el duque visigodo Teodomiro, en este caso, por el hijo de Muza, Abd-al-Aziz. En este momento los musulmanes dominaban la Bética, una parte de Lusitania, parte de la Cartaginense y la Tarraconense Occidental. Es probable que durante el sitio de Mérida, Musa concertase acuerdos con los nobles godos de las ciudades, a los que garantizaba su mantenimiento en el poder, sus bienes y su religión, a cambio de que reconocieran la soberanía del Califa.
Los magnates godos que firmaron los tratados se obligaban a ser fieles y sinceros con el wali de Hispania a no conspirar con sus enemigos, a pagar un tributo anual por cada uno de sus súbditos cristianos; a cambio les serían respetados sus dominios y la libertad de sus súbditos, los cuales no podrían ser violentados en su religión, ni quemadas sus iglesias. Estos acuerdos se extendieron también a los magnates que, aun sin el título de conde, gobernaban de hecho sobre extensos territorios en los que no había ninguna ciudad importante, y a algunos duques, a todos los cuales debieron entregarse las propiedades de los magnates partidarios de Rodrigo. Una parte de las tierras reales visigodas, que eran muy extensas, serían entregadas a los participantes en las expediciones (los que ya estaban en Hispania y los que llegaran en el futuro), excepto una quinta parte que quedaría para el Califa. Una vez asegurada la capitulación de Mérida, Muza se encontró con Tariq en Talavera, junto al cual seguiría avanzando hacia el norte. En la primavera del 714 avanzaron hacia Zaragoza, desde donde Tariq se dirigió a Soria y Palencia, para penetrar en Asturias, donde alcanzó el mar Cantábrico en Gijón. Por su parte, Muza ocupaba Logroño, León y Astorga, fijando provisionalmente los límites de la conquista en el valle del Ebro.
En verano de 714, fueron llamados por el Califa de Damasco, mientras que el hijo de Muza, Abd-al-Aziz, permaneció en Sevilla, primera capital de Al-Ándalus, como wali. Bajo su mandato se completó la conquista de la zona oriental y se consolidaron las posesiones de Évora, Santarém y Coímbra.
Comienzo de la Reconquista
A mediados del siglo XIII, los cristianos habían logrado reconquistar la mayor parte de la Península y las capitales bajo el poder islámico-Córdoba y Sevilla. El rey Fernando III fundó en Granada un estado musulmán independiente, dirigido por Muhammad Al-Ahmar I-el fundador de la dinastia nazare. Para la arquitectura y el arte, el reino nazare significó el periodo de mayor brillantez y, al mismo tiempo, de las ultimas obras maestras del mundo hispanomusulmán. Es ahora cuando se construyen las partes más bellas y de lo más alto interés del conjunto de la Alhambra.
El reino de Granada encontró el fin a causa de su propia debilidad interna y del poder creciente de los cristianos. Se rindió en 1492, durante la conquista iniciada por Fernando II, rey de Castilla y Aragón, lo que significó también el final de la España islámica, pero no de los musulmanes que continuaron viviendo en la Península.
La conquista árabe de la Península Ibérica sigue apasionando a los investigadores por los múltiples problemas que plantea el análisis de las fuentes árabes de la Edad Media.
CONQUISTA MUSULMANA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
La conquista del reino visigodo por los árabes fue un proceso relativamente rápido, ya que en solo quince años (711 al 725) se llegó a ocupar todo el actual territorio de España y Portugal; en el 720 el territorio peninsular del reino estaba completamente ocupado tras diez años del inicio de la conquista. Requirió de constantes refuerzos militares, y de pactos con núcleos resistentes.
Años antes de la conquista, los árabes llevaban tiempo reconociendo el terreno y preparando futuras alianzas. A principios del siglo VII los musulmanes quieren conquistar España (dividida entonces en pequeños reinos visigodos). Para conquistarla, Muza (caudillo de los moros) encuadra en sus tropas a elementos bereberes. En el año 711 encarga a su liberto Tarik una misión de reconocimiento al mando de 7000 hombres. El éxito es fulminante: un combate cerca de Jerez basta a Tarik para eliminar al rey Don Rodrigo (rey visigodo de Hispania (710-711) . Persiguiendo a los fugitivos, los ejércitos del Profeta se apoderan de Córdoba, Toledo, continúan hacia el norte, hasta Zaragoza y Pamplona. Poco combativa, formada por pueblos heterogéneos, sumida en los cismas religiosos – Arrianismo contra Catolicismo – la Península Ibérica era una presa fácil. Tras algunas incursiones fructíferas más allá de los Pirineos, los musulmanes intentaron una subida hacia el norte, pero la resistencia de la población franca impide una implantación duradera. La batalla de Poitiers, en el año 732, marca el lugar simbólico del tope de una conquista que parecía irresistible. Las tropas de Carlos Martel les frenaron la penetración más allá de la barrera pirenaica. En España, el Islam se organiza sólidamente. El lejano Califato de Damasco se enriquece con una provincia próspera que toma el nombre de Al – Andaluz. Con la llegada de los Abbases (750), esta provincia se proclama independiente bajo la autoridad de Abder Ramón, el último de los Omeyas refugiado en Toledo. La única región que jamás fue conquistada por los musulmanes es la región de Asturias.
Como ya se ha comentado anteriormente la conquista, que duró 15 años, requirió de constantes refuerzos militares, y de pactos con núcleos resistentes. Aunque el proceso en total ocupó todo ese tiempo, la cronología no es exacta en cuanto a los años y las fechas, sino sólo aproximada, pues las fuentes difieren entre sí, y los historiadores no se ponen de acuerdo. Hemos optado por una datación que siempre puede retrasarse en un año según qué historiador tomemos. Además de estos años de conquista, hay que sumar los años anteriores que los árabes llevaban diseñándola, reconociendo el terreno, y preparando, al parecer, futuras alianzas. Un repaso a la historia de las primeras conquistas árabes, nos hace ver que sólo la conquista del actual Magreb fue más costosa (treinta años), pues en otros puntos la acción de los conquistadores árabes fue más rápida que en la península: seis años para dominar toda la península arábiga (628 al 634); cuatro años Siria (634 al 638); cinco años Egipto (638 al 643); un año Tripolitania y Cirenaica, hoy Libia (644); seis Mesopotamia (636 a 642) y ocho años Persia (642 al 650).
Lo largo de este proceso de conquista del reino visigodo se debe a varios motivos: lo escaso de las fuerzas musulmanas que nos invadieron, las constantes luchas y levantamientos de sus aliados entre los visigodos, la orografía del territorio y la fuerte base de asentamiento social del anterior reino visigodo.
Los enfrentamientos destacados de esta época son las siguientes:
- La Batalla de Guadalete es el nombre con el que se conoce una batalla que, según la historiografía tradicionalmente admitida, basada en crónicas árabes de los siglos X y XI, tuvo lugar en España entre el 19 y el 26 de julio de 711 cerca del río Guadalete (en Bética, España) y cuyas consecuencias fueron decisivas para el futuro de la Península Ibérica. En ella el rey godo Rodrigo fue derrotado y probablemente perdió la vida a manos de las fuerzas musulmanas comandadas por Tarik Ibn Ziyad. La derrota fue tan completa que supuso el final del estado visigodo en Hispania.
- La Batalla de Covadonga tuvo lugar en 722 en Covadonga (España), un paraje próximo a Cangas de Onís (Asturias), entre el ejército de Don Pelayo y tropas musulmanas, que resultaron derrotadas. Esta acción bélica se considera como el arranque de la Reconquista. Gobernaba el norte peninsular desde León un berebere llamado Munuza, cuya autoridad fue desafiada por los dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 bajo el liderazgo de Pelayo, tomaron la decisión de rebelarse negándose a pagar impuestos exigidos, el jaray y el yizia. Tras algunas acciones de castigo a cargo de tropas árabes locales, Munuza solicitó la intervención de refuerzos desde Córdoba. Aunque se restó importancia a lo que estaba sucediendo en el extremo ibérico, el emir Ambasa envió al mando de Al Qama un cuerpo expedicionario sarraceno que probablemente en ningún caso alcanzaría la cifra de 180.000 hombres dada por las crónicas cristianas.
El desarrollo de la conquista
En el año 711 caía la ciudad de Córdoba, al igual que la zona del Estrecho, la comarca de Córdoba, y la ruta hasta Toledo, con las retaguardias de Sevilla y Mérida, de donde podía proceder el peligro. No obstante los hechos se desarrollaron mejor de lo que Muza podía esperar. Las ciudades de Medina-Sidonia, Carmona y Sevilla les recibieron casi sin lucha, se dice porque los partidarios de Rodrigo habían huido y predominaban los de Witiza o cuando menos los neutrales, pero probablemente fueron grupos hispano-romanos descontentos con el gobierno visigodo, quienes los recibían como a un pueblo civilizado y en cierto modo como una manera de cambiar el gobierno. Los partidarios de Rodrigo se concentraron en Mérida. Muza sitió la ciudad que resistió a los embates enemigos. Dieciséis meses necesitó para tomar la ciudad (capituló el 30 de junio del 713). A la vez fueron tomados otros territorios, especialmente en el sudeste, como el Reino de Tudmir (Murcia, Alicante y otras comarcas de Andalucía y Albacete) gobernada por el duque visigodo Teodomiro, en este caso, por el hijo de Muza, Abd-al-Aziz. En este momento los musulmanes dominaban la Bética, una parte de Lusitania, parte de la Cartaginense y la Tarraconense Occidental. Es probable que durante el sitio de Mérida, Musa concertase acuerdos con los nobles godos de las ciudades, a los que garantizaba su mantenimiento en el poder, sus bienes y su religión, a cambio de que reconocieran la soberanía del Califa.
Los magnates godos que firmaron los tratados se obligaban a ser fieles y sinceros con el wali de Hispania a no conspirar con sus enemigos, a pagar un tributo anual por cada uno de sus súbditos cristianos; a cambio les serían respetados sus dominios y la libertad de sus súbditos, los cuales no podrían ser violentados en su religión, ni quemadas sus iglesias. Estos acuerdos se extendieron también a los magnates que, aun sin el título de conde, gobernaban de hecho sobre extensos territorios en los que no había ninguna ciudad importante, y a algunos duques, a todos los cuales debieron entregarse las propiedades de los magnates partidarios de Rodrigo. Una parte de las tierras reales visigodas, que eran muy extensas, serían entregadas a los participantes en las expediciones (los que ya estaban en Hispania y los que llegaran en el futuro), excepto una quinta parte que quedaría para el Califa. Una vez asegurada la capitulación de Mérida, Muza se encontró con Tariq en Talavera, junto al cual seguiría avanzando hacia el norte. En la primavera del 714 avanzaron hacia Zaragoza, desde donde Tariq se dirigió a Soria y Palencia, para penetrar en Asturias, donde alcanzó el mar Cantábrico en Gijón. Por su parte, Muza ocupaba Logroño, León y Astorga, fijando provisionalmente los límites de la conquista en el valle del Ebro.
En verano de 714, fueron llamados por el Califa de Damasco, mientras que el hijo de Muza, Abd-al-Aziz, permaneció en Sevilla, primera capital de Al-Ándalus, como wali. Bajo su mandato se completó la conquista de la zona oriental y se consolidaron las posesiones de Évora, Santarém y Coímbra.
Comienzo de la Reconquista
A mediados del siglo XIII, los cristianos habían logrado reconquistar la mayor parte de la Península y las capitales bajo el poder islámico-Córdoba y Sevilla. El rey Fernando III fundó en Granada un estado musulmán independiente, dirigido por Muhammad Al-Ahmar I-el fundador de la dinastia nazare. Para la arquitectura y el arte, el reino nazare significó el periodo de mayor brillantez y, al mismo tiempo, de las ultimas obras maestras del mundo hispanomusulmán. Es ahora cuando se construyen las partes más bellas y de lo más alto interés del conjunto de la Alhambra.
El reino de Granada encontró el fin a causa de su propia debilidad interna y del poder creciente de los cristianos. Se rindió en 1492, durante la conquista iniciada por Fernando II, rey de Castilla y Aragón, lo que significó también el final de la España islámica, pero no de los musulmanes que continuaron viviendo en la Península.
La conquista árabe de la Península Ibérica sigue apasionando a los investigadores por los múltiples problemas que plantea el análisis de las fuentes árabes de la Edad Media.